EL INCENDIO FORESTAL HUMANO: LA PERTURBADORA VISIÓN DE JEFFREY EPSTEIN PARA LIMPIAR EL PLANETA
Nuevos emails exponen la visión de Epstein sobre calentamiento global y superpoblación como mecanismo natural de selección.
por Carolina Gutiérrez Argüelles.
Fuente: Ecosfera
El 15 de febrero febrero de 2026, nuevos correos electrónicos de Jeffrey Epstein reavivaron un debate inquietante: la idea de que el cambio climático podría servir como mecanismo para “resolver” la superpoblación. Más allá del escándalo, lo que emerge es una visión profundamente distorsionada de la crisis ambiental. El calentamiento global no es una herramienta de selección natural ni un “incendio purificador” para la humanidad. Es una emergencia climática real que ya está transformando ecosistemas, desplazando comunidades y alterando el equilibrio de la naturaleza a una velocidad sin precedentes.
Epstein y el cambio climático: la peligrosa metáfora del “incendio natural”
En los mensajes fechados en 2016, Epstein comparó el cambio climático con “el incendio forestal de la Tierra”, sugiriendo que podría ser “algo potencialmente bueno para la especie”. La metáfora es inquietante porque trivializa el impacto ambiental real de los incendios, las sequías y los fenómenos extremos. En ecología, es cierto que algunos incendios forman parte de ciclos naturales; pero lo que vivimos hoy no es un ciclo natural, sino una intensificación provocada por la actividad humana.
Según la Organización Meteorológica Mundial, 2023 y 2024 estuvieron entre los años más cálidos jamás registrados. El aumento de la temperatura media global ya supera los 1,2 °C respecto a la era preindustrial. No se trata de una “limpieza” ecológica, sino de un desequilibrio climático que acelera la desertificación, destruye hábitats y amenaza la biodiversidad.
Cambio climático y superpoblación: un diagnóstico equivocado
La idea de vincular cambio climático y superpoblación ignora datos fundamentales. Las emisiones no se distribuyen de forma equitativa: el 10% más rico del planeta es responsable de cerca del 50% de las emisiones globales. En contraste, las comunidades más pobres (que menos contribuyen al calentamiento global) son las que sufren primero sus consecuencias: inundaciones, pérdida de cultivos, escasez de agua.
Además, el crecimiento poblacional mundial se está desacelerando. Naciones Unidas estima que la tasa de fertilidad global ha caído significativamente en las últimas décadas y que la población podría estabilizarse hacia finales de siglo. El problema no es cuántas personas habitan la Tierra, sino cómo se producen y consumen los recursos. El modelo energético basado en combustibles fósiles es el verdadero motor de la crisis climática.
La naturaleza bajo presión: ecosistemas en riesgo
Mientras algunos plantean teorías utilitaristas, la naturaleza ofrece señales claras de alarma. Los arrecifes de coral han perdido aproximadamente el 50% de su cobertura en las últimas décadas debido al aumento de la temperatura oceánica. La Amazonía, considerada uno de los pulmones del planeta, enfrenta tasas de deforestación que amenazan con convertirla en una sabana degradada si se supera un punto de no retorno ecológico.
Los incendios forestales en Canadá, Australia y el Mediterráneo ya no son eventos aislados, sino parte de un patrón intensificado por olas de calor más frecuentes y prolongadas. El cambio climático no selecciona, arrasa: especies enteras pierden su hábitat, los ciclos hídricos se alteran y los suelos fértiles se erosionan. Pensar en este proceso como una solución ignora el colapso ecológico que conlleva.
Justicia climática frente al fatalismo
Frente a discursos que presentan el calentamiento global como inevitable o incluso “útil”, la ciencia insiste en que aún estamos a tiempo de limitar los daños. La Agencia Internacional de Energía señaló que en 2023 la inversión global en energías renovables superó ampliamente la destinada a combustibles fósiles. Países como Dinamarca, Costa Rica y Uruguay han demostrado que una transición energética ambiciosa es viable.





