INTERNACIONALES

Uruguay y Chile intensifican el comercio con las Malvinas

La mayor actividad en las islas incrementa la demanda de bienes a países cercanos, que respaldan el reclamo de soberanía argentino, sin frenar el intercambio de bienes. Los isleños apuestan a fortalecer los negocios con los «vecinos amigables».

Por Daniel Santa Cruz*

La amenaza de sanciones del gobierno argentino a empresas que exploten recursos hidrocarburíferos y naturales en la zona de las Islas Malvinas puede producir cambios en las relaciones comerciales que mantienen los países del cono sur con las islas y desencadenar incluso un conflicto imprevisto con Chile.

El presidente de la Cámara de Comercio de las Islas, Mike Summers, le dijo esta semana al diario chileno La Prensa Austral: «Las líneas de suministro desde el norte de Europa son muy largas y costosas; para nosotros es mejor comerciar con nuestros vecinos amigables».

Desde el 3 de septiembre, el gobierno argentino protagoniza una escalada diplomática con el británico por la soberanía sobre las Islas Malvinas.

Durante 44 años de enfrentamiento por la soberanía, la Argentina tuvo idas y vueltas respecto al trato que los países vecinos tuvieron y tienen con los isleños. El crecimiento de su población, sumado a la mayor inmigración producto de la expansión económica ligada a la pesca y a los soldados que habitan la base militar, hace que, sobre todo en la temporada de cruceros −que llevan entre 70.000 y 80.000 turistas por año−, las islas necesiten más bienes y servicios que en 1982, cuando apenas superaban los 2000 habitantes.

Hoy, el mapa social cambió; se necesitan más insumos para sostener su modo de vida. En el último censo de 2021, la población estable alcanzó los 3660 habitantes que, con la expansión por la guarnición militar de Mount Pleasant, más los turistas, pueden llegar a picos de 5500 personas en algunas semanas del año.

Lo que producen los isleños no alcanza. Existe una empresa local, la Stanley Growers Ltd, que cosecha tomates, pepinos, berenjenas, pimientos y algunas frutas que, por inclemencias del tiempo, se obtienen en invernaderos, pero que resultan insuficientes. «Todo lo que no se puede cultivar en las islas y necesitamos se importa desde Chile y Uruguay», comentó un comerciante local. Después de la guerra de 1982, los isleños se acercaron a los países vecinos en busca de alimentos y suministros.

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